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martes, 17 de septiembre de 2019

El 37,6% de los graduados trabaja en puestos para los que no hace falta título

España es el país más sobrecualificado de toda la Unión Europea
PABLO SEMPERE Madrid  16 SEP 2019 - 18:05 CEST
El 37,6% de los graduados trabaja en puestos para los que no hace falta título
La sobrecualificación ahoga a España. Durante 2018, de todos los graduados superiores del país que estaban trabajando, el 37,6% lo hacía en puestos para los que no era necesaria la titulación adquirida. Es la cifra más alta de toda la Unión Europea, que crece cinco décimas respecto al ejercicio anterior (37,1%), alejando al país de la media del continente, que supera por poco el 23%. Solo zonas como Chipre y Grecia –con un 35,6% y 33,9% respectivamente– se quedan cerca de España, que se distancia a su vez de lugares como Luxemburgo (8%) o Portugal, República Checa, Croacia, Hungría, Dinamarca y Suecia, que se mueven entre el 14% y el 17%. Los datos los ofrece la decimoquinta edición del Informe CYD, presentado este lunes en Madrid.

La demanda de puestos de alta cualificación, generalmente realizada por los que son graduados superiores, suele exceder la oferta que realizan las empresas, determinada en buena medida por la estructura productiva de una economía y la situación coyuntural por la que atraviesa. El desajuste producido implica, por un lado, la existencia de parados con estudios superiores y, por el otro, de empleo no encajado, en el sentido de que personas con un nivel superior de estudios acaban trabajando en puestos para los que no se necesita un nivel de cualificación tan elevado, dando paso al fenómeno de la sobretitulación.


El ascenso español anual ha sido muy parecido al del resto de los países del entorno, pero la situación de la que partía lo deja en una situación de clara desventaja. Si se compara con Francia, Alemania, Reino Unido e Italia, España es el único en el que menos de la mitad de los titulados superiores (46,5%) que trabajan lo hacen como directores y gerentes técnicos (en un 5,9%) o técnicos y profesionales científicos e intelectuales (en un 40,6%). En el resto de los territorios analizados estas dos categorías superan el 50%, e incluso el 60% en el caso británico.
Donde España sí gana es en las tareas entendidas como elementales y en los trabajos de restauración, ventas o servicios. El 14,7% de los graduados trabaja en estas categorías, frente al 9,7% de media de la UE. Lo mismo sucede en los puestos contables, administrativos y de oficina. La cifra española se sitúa en el 13,6%, lejos del 8% de media europeo. Es necesario por todo ello, explicó Francesc Solé, vicepresidente de la Fundación CYD, buscar soluciones a este desequilibrio, ya que hay muchos estudiantes que no ven recompensado el esfuerzo de su formación.
Por un lado, continuó Martí Parellada, uno de los coordinadores del informe, se deben tener en cuenta alternativas como las prácticas curriculares en las empresas; una FP Dual universitaria, con pasarelas sólidas entre el mundo de la FP y el de la universidad; o programas de doctorados industriales, para promover que estos perfiles se dirijan también al ámbito empresarial y no únicamente al académico. Por el otro, matiza, también hay que pedir responsabilidades al modelo productivo y a las oportunidades laborales que este ofrece, porque no todo depende de la universidad. De hecho, insistió, “este es un tema que se está trabajando de manera intensa en los campus”. No habría que olvidar tampoco , recordó, dotar a las entidades educativas de más autonomía, presupuesto y flexibilidad para poder encarar los cambios que vean necesarios. “Hay universidades con más de 30.000 alumnos. Eso es una multinacional. Se necesita capacidad de maniobra”, señaló Francesc Solé.
La sobretitulación no solo lleva a que muchos graduados trabajen en puestos entendidos como menores. También incide en sus tasas de desempleo. En España, de hecho, la población con educación superior que se mueve entre los 25 y los 69 años sufre unas tasas de paro del 8,9% (el doble que la media de la UE), que ascienden al 14,9% si se considera solo a los jóvenes menores de 30 años. Pese a ello, recordaron los expertos, “la tasa de desempleo de los graduados es inferior a la del resto de la población activa. También tienen más salarios y capacidad de promocionar en el trabajo”.

Así, los titulados superiores españoles de entre 25 y 64 años tenían durante 2018 una tasa de actividad un 10,3% superior a la del conjunto de la población, una tasa de empleo un 17,4% más elevada y una tasa de paro prácticamente un 40% más reducida. Por su parte, los ingresos de un graduado superior en España doblaban a los de alguien que únicamente tenía estudios obligatorios, una prima salarial superior a la que se daba en el conjunto de la OCDE.

jueves, 17 de octubre de 2013

Pipas


Muestra con humor la falta de cultura científica. 


Con Manuela Moreno, como directora y guionista, Pipas resultó ganador de los premios al mejor Guión y a la mejor dirección en la XI Edición del Notodofilmfest.

lunes, 22 de abril de 2013

Recordando Krasny Bor

 
Arturo Pérez-ReverteMi abuelo paterno, que era uno de esos republicanos de antes, cultos, viajados y con biblioteca, escéptico como todo hombre sabio, solía repetir una frase que yo, de pequeño, no alcanzaba a penetrar del todo: «Los españoles sólo servimos para salir en los cuadros de Goya». No fue sino más tarde, cuando leí libros, viajé y me familiaricé con cuadros como los del 2 de Mayo en Madrid o el Duelo a garrotazos, cuando comprendí a qué se refería mi abuelo, y por qué, entre todos los pintores españoles, utilizaba a Goya como clave lúcida. Como amarga referencia.

Hace unas semanas hice un experimento. Se cumplían 70 años de la batalla de Krasny Bor, cerca de Leningrado, donde 5.000 españoles de la División Azul encajaron el ataque de dos divisiones soviéticas integradas por 44.000 hombres y 100 carros de combate: una compañía aniquilada, varias diezmadas, oficiales pidiendo fuego artillero sobre su propia posición por estar inundados de rusos. Abandonados a su suerte, durante todo el día pelearon como fieras, a la desesperada. Casi la mitad murieron o desaparecieron, pero frenaron a los rusos, les hicieron 10.000 bajas y obtuvieron de Hitler este comentario: «Extraordinariamente duros para las privaciones y ferozmente indisciplinados». Y, bueno. Tales son los hechos y así los conté en la red social Twitter, donde recalo algunos domingos, añadiendo que entre los divisionarios no todos eran voluntarios falangistas, pues también había ex combatientes republicanos y gente que se alistó por hambre o para ayudar a algún familiar encarcelado o en desgracia. Añadí que la causa que defendían era infame, pero eso no alteraba el hecho básico: eran compatriotas, estaban en el infierno y pelearon con bravura admirable. «Quienes nos gobiernan deberían prestar atención a esas cosas -escribí-. La Historia ha probado mil veces que no hay nada más peligroso que un español acorralado».

Lo interesante vino luego: tres mil opiniones de tuiteros. Yo había mencionado un hecho histórico, destacando un coraje y una tenacidad independientes de tiempos o ideologías. Algo que ocurrió y que está -debería estar- en los libros de Historia por las mismas razones que la toma de Tenochtilán, el saco de Roma o la liberación de París por los republicanos españoles de la Nueve. Y sin embargo, no pueden imaginar la que se lió en Twitter: los insultos y descalificaciones entre quienes discutían. Algunos me incluyeron, claro. Eso fue lo más revelador: ultraderechistas acusándome de rojo por haber calificado de infame la causa que la División Azul defendía en Rusia, y ultraizquierdistas acusándome de facha por hablar de la División Azul en vez de sepultarla en el negro olvido. Y entre unos y otros, docenas de tuiteros tirándose los trastos a la cabeza con argumentos ideológicos, orillando el hecho principal: el episodio histórico, su épica objetiva y su interesante consideración. La Historia, en fin, que no es buena ni mala, sino llave para comprender el pasado y el presente. Y a veces, para prever el futuro.

Así que una vez más recordé las palabras de mi abuelo. Pensé en Goya. En ese cable suelto que los españoles llevamos sumergido en bilis en algún lugar del corazón. En ese rencor cainita, desaforado, siempre dispuesto a simplificar el mundo en un estúpido nosotros y ellos. En esa necesidad nuestra, no de vencer y convencer, sino de vencer y exterminar al vencido. Borrar hasta su huella. Fusilar al que levanta las manos, en vez de ofrecerle un pitillo y mirarlo a los ojos. Prueben a elogiar en público el valor de moros y cristianos en Las Navas, o el de republicanos y nacionales en El Ebro. Saltarán voces criticando la igualdad de trato, la falta de etiqueta diferencial, la ecuanimidad ante el valor y el sacrificio, como si éstos tuvieran que depender de ideologías para ser admirables. Nadie puede ser admirable si no pertenece a mi bando, es la lectura final. Esto repugna y entristece, porque no es de ahora. Pese a lo que afirman los tontos, no lo inventó Franco, ni la República: viajemos a la Dictadura, a las guerras carlistas, a Fernando VII, a la Inquisición. En pocos lugares de Europa hubo tanta saña y tanta vileza. Mientras en otros países -también en eso envidio a Inglaterra- la inteligencia o el valor del adversario son a menudo motivo de admiración y respeto, en España no hacen sino aumentar la envidia; la ira de quien, una vez dueño de la trinchera, remata la faena con toda clase de vejaciones introductorias al tiro en la nuca. Tiro que, por otra parte, aplica con más entusiasmo quien nunca corrió riesgos antes. Quien más lejos anduvo, durante el combate, del verdadero campo de batalla. 


El articulo merece una lectura lenta y pausada. Realiza una fotografía del carácter español, capaz de lo mejor, y también, de lo peor.

jueves, 31 de marzo de 2011

jueves, 28 de octubre de 2010

Universidad

La Universidad en España: otra gran mentira del Estado del Bienestar
de José Luis Del Campo Villares de José Luís Del Campo Villares


Una de las cosas que lleva aparejado el Estado del Bienestar es que sus miembros cada vez consigan estar mejor formados. Y en eso juega un papel importante el sistema educativo y por ende la Universidad.

El Estado del Bienestar es un término acuñado por muchos políticos para referirse a la mejoras que los ciudadanos hemos experimentado en las últimas décadas en materia de derechos, protecciones sociales, …, todos aquellos beneficios sociales que nuestros padres no disfrutaron.

Fruto de esto último, la Universidad se sobrevaloró en sus inicios, ya que así como en los años 60-70 solo realizaban estudios superiores los hijos de familias adineradas, ya en los 80-90, la Universidad se aburguesó y entre las becas y la necesidad de licenciados, cualquiera, aun el más tonto del pueblo, podía sacar una carrera universitaria.

Y como suele pasar en esta vida, cuando algo se hace accesible, deja de ser valorado como antes. Con lo cual paralelamente a lo anterior han surgido en competencia a la Universidad Pública, las Universidades privadas y las Escuelas de Negocio, a donde puede ir exclusivamente los de poderío económico considerable.

Seamos sinceros, cualquiera puede sacar una carrera universitaria en estos tiempos, básicamente es cuestión de tiempo. Pero esto ha hecho que los estudios universitarios sean considerados por el mercado laboral como algo necesario pero no suficiente frente a lo que antes era suficiente para conseguir un trabajo.

Y es que el Estado del Bienestar como sinónimo de acceso a los estudios universitarios a todo el mundo no ha ido en paralelo a dos cosas: a la evolución del mercado laboral y a la mejora de los propios estudios universitarios. Sencillamente se han convertido en un sitio donde tiene 5 años al menos a gente sin que se apunte a las listas del paro, ni más ni menos.

Muy buenos docentes han sido tentados por las Universidades Privadas y las Escuelas de Negocios, dejando para la Universidad Pública a muchos profesores realmente inútiles para formar a alumnos para nuestro penoso mercado laboral.

Conclusión primera: si quieres garantías de colocación laboral, con mucha probabilidad la Universidad Pública garantiza lo contrario.

Y es aquí donde radica una de las grandes mentiras del Estado del Bienestar: la socialización de la Universidad lo único que ha conseguido es crear una nueva élite que se puede pagar unos estudios privados que garanticen un cierto futuro laboral. Sólo sirven en la actualidad para dos cosas: acribillar a impuestos y tasas de matrícula a los nuevos universitarios y familias, y para mantener a una clase elitista de profesores mediocres aburguesada y completamente afuncionariada.

Y cual es mi sorpresa cuando me he dado cuanta que los diferentes gobiernos han actuado al respecto. Pero para mi asombro, no ha sido mejorando la calidad de los estudios, no!!! Ha sido reduciendo el número de becas y subiendo las tasas de matrícula, con lo cual, de ambas formas, se consigue que se matricule menos gente y se dice un ‘adios’ al Estado del Bienestar.

Éste se ha nutrido durante décadas de los impuestos que pagaban al matricularse porque todos bajo la bandera de ‘el hijo de un obrero puede ir a la Universidad‘ acudimos como borregos a llenar las arcas del Estado a cambio de recibir un papel para envolver la chistorra.

Creo que se equivocan si piensan que la Universidad Pública competirá con la privada reduciendo el numero de matriculados. Deberían de empezar por reciclar a un alto porcentaje de profesores universitarios que, cuando había muchos alunos matriculados, valían para dar cualquier cosa, pero que ahora, con menos matrícula, se demuestra que son de calidad pésima.

Reducir alumnado no es sinónimo de aumento de calidad en la formación, aparte de ser un atentado contra el Estado del Bienestar.

martes, 19 de octubre de 2010

Los que viven con sus padres hasta los 34 años en Europa

Los que viven con sus padres hasta los 34 años en Europa:

viernes, 8 de octubre de 2010

El Gran Capital se funde con el Gran Hermano




PARÍS – En todo el mundo, los usuarios de Internet juguetean con ilusiones románticas acerca del ciberespacio. A la mayoría de los cibernavegantes, la Internet nos da una falsa sensación de libertad, poder y anonimato completos.


Por supuesto, de vez en cuando nos llegan mensajes y avisos no deseados que tienen una misteriosa relación con nuestros hábitos más íntimos. Nos recuerdan que, de hecho, los usuarios de Internet estamos bajo una constante vigilancia. Cuando los vigilantes solamente tienen motivos comerciales, este "correo basura" se siente como una violación menor. Sin embargo, en China o Rusia los que llevan a cabo esta vigilancia no son vendedores indeseados, sino la policía.

Así que los activistas rusos de los derechos humanos y la organización ecologista Onda Ambiental del Baikal no deben de haberse sentido muy sorprendidos cuando este mes policías de carne y hueso -no programas automáticos de Internet- confiscaron sus computadoras y los archivos que contenían. En tiempos de la Unión Soviética, la KGB habría encerrado a estos disidentes anti-Putin por sufrir de "desórdenes mentales". Como se supone que ésta es una "nueva Rusia", se acusa a los ciber-disidentes de violar derechos de propiedad intelectual.

El asunto es que, vea usted, estaban usando equipos con programas de Microsoft y no pudieron demostrar que no estaban pirateados. Al confiscarlos, la policía rusa supuestamente podía comprobar si el software que usaban los activistas se había instalado legalmente o no.

En la superficie, Microsoft y el Primer Ministro Vladimir Putin parecen extraños compañeros de cama. ¿Es así? Los representantes autorizados de Microsoft declararon que no podían oponerse a las medida de la policía rusa, porque la compañía basada en Seattle debía obedecer la ley rusa. Una declaración así de ambigua se puede interpretar como un apoyo activo a la policía rusa o como colaboración pasiva. Más aún, en casos anteriores Microsoft ayudó a la policía rusa en sus investigaciones de organizaciones no gubernamentales.

Está claro que los activistas de derechos humanos de Rusia no pueden contar con Microsoft en sus esfuerzos por construir una sociedad más abierta. Pero la ambigua -en el mejor de los casos- reacción de Microsoft es parte de un patrón. De hecho, el historial de las compañías de Internet en países autoritarios es tristemente coherente.

Yahoo marcó el paso de la colaboración activa entre las firmas de Internet y alta tecnología con la represión política. En 2005, Yahoo entregó a la policía china el código de identificación de la computadora de un periodista disidente, Shi Tao, que había enviado un mensaje en defensa de la democracia que los censores habían detectado. Gracias a la pista de Yahoo, la policía pudo arrestarlo. Está en la cárcel hasta el día de hoy.

En esa ocasión, los gerentes de Yahoo en los Estados Unidos, al igual que Microsoft en Rusia, declararon que tenían que seguir las leyes chinas. En su celda, seguro que a Shi Tao le resultó reconfortante saber que en China rige el imperio de la ley, no el Partido Comunista. Después de todo, eso es lo que impulsa su lucha.

Al menos por un breve tiempo, parecía que Google iba a seguir pautas distintas en sus negocios en China, adhiriendo a su tan proclamado principio ético de "No hacer el mal". Para protestar contra la censura, la compañía de Silicon Valley se trasladó desde la China continental en 2009 a la todavía relativamente libre Hong Kong. En el motor de búsqueda basado en Hong Kong los internautas chinos podían leer acerca de Taiwán, la masacre de Tiananmen de 1989 o el Dalai Lama. En Google.cn estas fuentes, juntos con los resultados de búsquedas que incluyeran una amplia variedad de términos prohibidos, sencillamente no aparecían.

La medida de Google parecía conciliar su autoproclamada filosofía libertaria con su ética de negocios. Sin embargo, no duró mucho: después de todo, Google había aceptado la censura al comienzo de sus actividades en China, en 2006, para poder ingresar al mercado chino. Tras seis meses de vida en Hong Kong, habló el dinero: reinstaló su servicio en China continental, con el mismo nivel de censura que antes. Al final, quien se desprestigió fue Google, no el Partido Comunista.

Yahoo, Google y Microsoft han seguido así un camino notablemente similar: el acceso a mercados lucrativos echó por tierra las ansias éticas. Las herramientas que proporcionan son políticamente neutrales. Los disidentes intentan usarlas para abrir espacios democráticos. La policía los usa para detectar y reprimir disidentes. De cualquier manera, Yahoo, Google, y Microsoft hacen dinero, igual que -por ejemplo- IBM, que en los años 30 vendía sus máquinas de cálculo al régimen nazi, que las usó para hacer de la destrucción de sus víctimas una rutina burocrática.

¿Nos debería escandalizar el que las compañías de Internet pongan las utilidades por sobre la moral? Después de todo, son corporaciones normales que apuntan a ganar dinero, igual que IBM en la época de Hitler. Más que la mayoría, las compañías de Internet pueden esconder sus verdaderas motivaciones tras eslóganes deslavadamente democráticos, pero a fin de cuentas son productos publicitarios iguales que cualquier otro. En publicidad y la auto-promoción, lo que determina qué palabras se escogen son las expectativas del cliente, no la filosofía de los gerentes, ya que en su mayoría no tienen ninguna.

El capitalismo es siempre una solución de compromiso: tenemos que vivir con corporaciones con fines de lucro que nos proporcionan útiles herramientas nuevas. Las pueden utilizar los iraníes que combaten la dictadura o los disidentes tibetanos que intentan salvar su cultura. También se pueden usar para calcular la cantidad de judíos exterminados, arrestar a un disidente chino o irrumpir en un grupo por los derechos humanos en Rusia.

Microsoft en Rusia y Google en China nos enseñan que el capitalismo no es ético, sino solo eficiente. Los empresarios son codiciosos por definición: si no lo fueran, irían a la bancarrota. Una sociedad abierta nunca se va a crear o sostener gracias a las acciones de empresarios rectos ni será un mero subproducto de la ingeniería política. Como siempre, la libertad es tarea de hombres y mujeres libres y alertas.

Guy Sorman, filósofo y economista francés, es autor de Economics Does Not Lie ("La economía no miente".)

Reflexión

"No nos engañemos, los medios son subjetivos porque sus lectores, oyentes, televidentes…lo quieren. Estamos en una sociedad que mayoritariamente desea que otros piensen por ellos, que les den la noticia y su interpretación. Al final todo es un problema de cultura, y viendo las audiencias de la TV es posible que no haya sitio para la esperanza."


extracto de una opinión que se ofrece para la reflexión.

jueves, 16 de septiembre de 2010

lunes, 6 de septiembre de 2010

martes, 3 de agosto de 2010

viernes, 30 de julio de 2010

Para reflexión

Mr. Ken Robinson en el TED (Ideas que merece la pena difundir).


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