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sábado, 17 de noviembre de 2018

¿Ha funcionado la liberalización del mercado eléctrico en España?





La eficiencia ha aumentado, pero la reducción del coste ha sido un fracaso

15 NOV 2018 - 07:21 CET


¿Ha funcionado la liberalización del mercado eléctrico en España?Nuestro mercado eléctrico surgió de la ley 54/1997. Estuvo impulsado por la UE, siguiendo la tendencia intelectual, entonces vigente a escala mundial, de liberalizar lo más posible el sector eléctrico y aumentar su eficiencia pasando al sector privado su toma de decisiones y asunción de riesgos. Sus objetivos, minimizar el coste de la energía eléctrica para todo tipo de usuarios, asegurar su suministro y mejorar la calidad del aire que respiramos (ahora descarbonizar) –lo que se ha dado en llamar el trilema–. Las máximas de los mercados competitivos sin apenas intervención del Estado, salvo mínima regulación, se disponían para mejorar las prestaciones de un sector hasta entonces monolítico y centralizado. Pasados 20 años, y en el resto del mundo poco más, la pregunta que cabe hacerse es ¿ha cumplido esos objetivos básicos? ¿En qué medida?
Se habla mucho las últimas semanas sobre las prestaciones del complejo Mercado Eléctrico (en general refiriéndose al de energía eléctrica al por mayor). Algo tiene que ver el que estemos en los primeros actos de la larga campaña electoral que nos espera hasta las próximas elecciones. También que su sola mención despierta no pocas interpretaciones emocionales. Los ciudadanos y los políticos nos merecemos saber con cierto detalle qué se dirime en su entramado y qué repercusiones tiene su buen funcionamiento en nuestro bienestar, salud y sostenibilidad económica y ambiental. El reciente Informe de la Comisión de Expertos es un paso adelante en este sentido.
El mercado eléctrico es el eslabón de partida de la cadena de suministro de la electricidad que todos consumimos: una mercancía, y a la vez un servicio público que requiere la intervención/regulación del Estado. En ese eslabón se dirimen grosso modo 13.000 de los 32.000 millones de euros (el resto va a su transporte, distribución y a subvenciones y pagos diversas) que dentro del marco regulatorio español actual supone generar, transportar y distribuir energía eléctrica –nuestro saldo neto en contra anual de las importaciones/exportaciones energéticas es de 22.000 millones de euros–.

Indudablemente, las luces se encienden casi siempre que accionamos su interruptor a cualquier hora. La eficiencia de la producción, y sobre todo el conocer sus costes de cara a fijar sus precios en el mercado y aguas abajo en las tarifas, ha aumentado notablemente y ha permitido homologar nuestro mercado con otros. Las emisiones de GEI han aumentado notablemente. Las intervenciones del Estado no han sido pocas para rediseñar y limitar prestaciones, rescatar tecnologías productivas incapaces de recuperar inversiones, fijar cuotas inducidas por la UE, aplicar subvenciones, etc.

Si nos referimos a la minimización progresiva del coste de la energía eléctrica final para industrias y usuarios, evidentemente no se han cumplido objetivos. El coste del kWh para un ciudadano medio se ha incrementado desde el año 2000 al 2017 en un 120%. El precio del mercado mayorista de electricidad ha pasado de 30 euros/MWh a más de 75, en los que estamos ahora –la referencia del IPC se ha incrementado en un 49%–. El incremento en ambas vertientes es considerable para un artículo/servicio de primera necesidad como la energía eléctrica. Esos precios han situado a España los últimos años en el pelotón de los países de la UE con precios de la electricidad más altos, sólo superados habitualmente en Dinamarca y Alemania.
El diseño del mercado se basa en uno artificial de paradigma marginalista de costes de producción variables, de acceso abierto y no discriminatorio. En varias etapas temporales —el día antes y en tiempo real pool— se dilucida qué generadores satisfacen físicamente un equilibrio instantáneo entre lo que se oferta de potencia eléctrica y la demanda. La renta inframarginal que el precio resultante en los sucesivos intervalos aporta a las unidades productivas que apuntalan la demanda, con costes inferiores al de cierre, permitiría —prometía la teoría en condiciones ideales— recuperar en el tiempo los costes fijos de la inversión necesaria para incorporar a la red eléctrica esas máquinas.
Hoy hay dos grandes grupos de mercados eléctricos: los de central-dispatching —7 norteamericanos— y los self-dispatching —los 7 europeos importantes y otros en distintos países—. Aquellos optimizan más variables económicas y físicas, pero son más complejos por los algoritmos, mecánica y previsiones que utilizan.
Estos 20 años de mercado se pueden resumir en grandes opciones de mejora. Evitar techos políticos de precios y sobrecapacidad, que la demanda real de los usuarios se enfrente con la producción, superar la falta de remuneración (missing money) de determinadas tecnologías productivas (capacidad), normalizar ofertas de producción bajo estándares, plasmar en valor monetario otros submercados decisivos en el pool, precios por zona geográfica, legado de costes y concesiones del pasado, etc.
Es indispensable un aggiornamento del diseño para incorporar los avances tecnológicos y algorítmicos sobrevenidos, la inminente presencia de una gran cantidad de oferta de energía renovable a coste marginal cero, una digitalización vertiginosa, una previsible capacidad de gestión de almacenamiento, una volatilidad de precios creciente por la intermitencia de producción y unos costes de flexibilidad, inercia física, reserva, etc. que habrá que optimizar. La gobernanza del nuevo mercado requerirá de un estudio riguroso que dilucide ex ante, con los principios básico apuntados, quiénes pueden ser los actores tecnológicos presentes en el mercado –qué hueco ocuparán en la cobertura de la demanda y qué papeles representarán–, qué marco de financiación lo habrá de regir y cómo se asignarán socialmente los costes que ello conlleva.
El Estado/regulador deberá jugar un papel estratégico y facilitador esencial, soportado por las capacidades de un operador del sistema –ISO (Independent System Operator) preferiblemente sin ánimo de lucro que integre el operador de mercado y sistema—, que determine en qué condiciones técnicas se accede a esos mercados y durante cuánto tiempo (garantizando una retribución razonable). El ISO también debería coordinar las funciones y competencias de los DSO (Distribution System Operators), llamados a protagonismos importantes en submercados a escala territorial. La continuidad, fluidez y potenciación del suministro eléctrico es una necesidad estratégica de nuestro país. La regulación para asegurarlo, que su coste sea óptimo, se proteja la naturaleza en su consecución y se atienda a las necesidades básicas de los más desfavorecidos en su consecución, es responsabilidad del Gobierno. Es un desafío vital en el que hay que poner no poca inteligencia, templanza y medios para hacerlo acorde con una sociedad moderna que aspira a electrificar más su abastecimiento energético introduciendo renovables y creando con ello nueva actividad económica y desarrollo.
Si queremos un mercado eléctrico eficiente y, aguas abajo, un suministro competitivo y equitativo, debe alumbrarse tácitamente un contrato social en el sector basado en la transparencia, fluidez en la información, cooperación leal a múltiples niveles, fuerte competencia y el reconocimiento de que es esencial una retribución justa y razonable a las inversiones que arriesgan recursos en él. El destruir la confianza social en los agentes puede ser una táctica política (o empresarial) legítima, pero no una buena práctica del poder público a medio o largo plazo.
José Luis de la Fuente O’Connor es Exvocal de la Comisión de Expertos sobre Escenarios de la Transición Energética

lunes, 13 de marzo de 2017

lunes, 27 de junio de 2011

sábado, 5 de marzo de 2011

miércoles, 29 de septiembre de 2010

jueves, 24 de junio de 2010

El Gobierno suspende la subida de la luz

Unesa calculaba que la tarifa eléctrica experimentaría un incremento medio del 4%
Cinco Dias 24/06/2010 - 11:31

El Gobierno suspende la subida de la luz
El Gobierno suspende la subida de la luz prevista para julio
El ministro de Industria, Miguel Sebastián, y el portavoz económico del PP, Cristóbal Montoro, han llegado a un acuerdo para suspender la subida del recibo de la luz que estaba prevista para el mes de julio.

Dicho acuerdo incluye una "profunda revisión de costes" del sistema eléctrico en la que no haya "líneas rojas".

Al ser preguntado si esa disposición de diálogo sin restricciones incluye también la revisión del cierre de la central burgalesa de Santa María de Garoña, aseguró que su objetivo es mirar "hacia adelante" y que "la situación económica es muy difícil". "Hay que mirar el futuro con un horizonte amplio sin líneas rojas", insistió.

Sebastián explicó que la suspensión de la subida de la tarifa afecta en principio sólo a la revisión de julio y consideró que, una vez tomado "el tiempo" para la revisión de costes, se actuará sobre los ingresos. Además, dijo haber recibido una "respuesta también positiva" de CiU a la búsqueda de un pacto de Estado sobre energía.

La patronal eléctrica Unesa calculaba que la tarifa eléctrica experimentaría un incremento medio del 4% para los consumidores domésticos y las pymes a partir del próximo mes de julio.

La patronal en contra de la subida

El presidente de la patronal del sector eléctrico Unesa, Pedro Rivero, calificó hoy como "muy grave" el pacto al que han llegado el Gobierno y el Partido Popular para no aplicar la subida de la luz en julio.

En declaraciones a los periodistas antes de la presentación de la memoria anual de la patronal, Rivero, visiblemente contrariado por la noticia, se limitó a hacer esta valoración y añadió que esperará a tener la confirmación del Ministerio de Industria para dar más opiniones al respecto.

lunes, 12 de abril de 2010

Fraude con las subvenciones a huertos solares

fraude-en-plantas-fotovoltaicas.jpg
Se acaba de destapar la caja de Pandora en el sector de producción eléctrica fotovoltáica y el fraude en los huertos solares. El fraude es simple, verter desde una planta fotovoltáica electricidad que no se ha producido por los propios paneles solares. Con este método, se consigue llegar a la prima mínima de producción necesaria para acceder a las subvenciones que tiene el sector por la producción de este tipo de energía.

Según Radio Castilla y León, sólo en esta comunidad, se ha estimado que el 67% de la energía producida por paneles fotovoltáicos tiene origen fraudulento. El origen de este fraude, como tantos otros se encuentra en la existencia de las cuantiosas subvenciones que tiene el sector fotovoltáico y cómo unos pocos si saben hacer negocio con las subvenciones.

En el 2009, las fotovoltáicas recibieron 2.572 millones de euros en subvenciones, sobre 5.874 millones de euros que recibieron en concepto de primas toda la producción eléctrica en el régimen especial. Estas subvenciones encarecen el precio de la electricidad, generan déficit tarifario y conseguir energía limpia por vía fotovoltáica nos cuesta un verdadero dineral.

La política de subvenciones en casi todos los sectores sólo genera fraudes y que unos pocos llenen los bolsillos recurriendo a la cresta de la ola del momento. Si queremos producir el total de la energía a partir de renovables, tenemos que asumir los costes y mejorar la tecnología, pero no se puede engañar al mercado subvencionando sectores de manera perenne.

No existe subvención sin fraude y por estos motivos, las políticas de subvenciones son perversas. Más aún en este caso que incluso se está falseando la fuente de producción eléctrica y puede darse el caso que se estén mostrando unas estadísticas que no corresponden en absoluto con el mapa eléctrico español.

Esperemos que el ministro de Industria sepa coger el toro por los cuernos, pero lo tiene difícil dado que las placas solares subvencionadas no se van a poder eliminar de un día para otro. Mientras tanto, sigamos pagando primas, al fin y al cabo, es dinero público y ese no cuenta.

lunes, 29 de marzo de 2010


Industria plantea bajar de golpe un 40% las primas a las fotovoltaicas

Expansión Publicado el 29-03-2010 , por M.Á.Patiño/Lidia Velasco. Madrid/Sevilla

El Ministerio de Industria se ha propuesto acelerar la rebaja de subvenciones a las energías renovables y, en particular, a las fotovoltaicas, con un tijeretazo que podría llegar al 40%.

Es mucho más que la horquilla del 15%-25% que el propio sector baraja y que estaría dispuesto a asumir, consciente de que es mejor autoaplicarse remedios que esperar a que el Gobierno imponga medicina intensiva.

La polémica de las primas a la generación especial es un debate creciente y, progresivamente, las fotovoltaicas se han colocado en el centro del huracán. Fuentes cercanas al Gobierno aseguran que se prepara una rebaja «sustancial», que se justifica por la importante reducción de los costes de equipos que ha experimentado esta tecnología en los dos últimos años.

En el mercado, actualmente, las placas solares son en torno a un 50% más baratas, pero, aun así, este segmento –junto a la termosolar– es el que más subvenciones recibe.

Gran crecimiento
Según datos de la Comisión Nacional de Energía (CNE), el sector fotovoltaico alcanzó los 3.501 megavatios (MW) instalados en 2009, asumiendo un volumen de primas de 2.330 millones (la mitad de los 5.000 millones que cobraron todas las energías verdes). Concretamente, su precio fue de 46,721 céntimos por kilovatio hora, más de cuatro veces la media.

El Ministerio de Industria trata de acelerar al máximo la reducción de subvenciones a las renovables, con un especial tijeretazo a las solares. La intención es hacerlo en julio

El recorte de las ayudas a las renovables y, en especial, a las fotovoltaicas sería un nuevo intento del Gobierno de poner coto a un sector que, al calor de las primas, creció exponencialmente de 2004 a 2008. Sólo en ese periodo, pasaron de 24 a 3.463 MW. En el caso de la eólica, el salto fue de 8.504 a 16.740 MW.

Así, desde 2008, el Gobierno ha probado diversas medidas para poner orden en el crecimiento, al fin de evitar que el sector muera de éxito, ya que el coste de las primas podría hacer insostenible el sistema eléctrico. La gran crítica, al margen de otras incongruencias de un Ejecutivo que se declara pro-renovable, es la inseguridad jurídica que ha provocado con los continuos cambios de normativa y el consiguiente frenazo a esta industria mediante la imposición de restrictivos cupos.

En el real decreto 1578/ 2008, que creó el modelo de preasignación para la fotovoltaica, se recortaron hasta un 35% las primas y se fijaron cupos anuales (500 MW entre techo y suelo), incluyendo un mecanismo reductor progresivo de subvenciones hasta 2012.

El coste de los equipos de los huertos se ha abaratado alrededor de un 50%

Es, precisamente, sobre esa regulación sobre la que se quiere volver a incidir, acelerando la disminución de las ayudas de un solo golpe. Se baraja la fecha de julio, haciéndola coincidir con otras decisiones energéticas, como la revisión de tarifas eléctricas al usuario final, o el propio reparto del segundo cupo trimestral fotovoltaico.

Un asunto que estudia a fondo Industria es dónde trazar la línea: si en las futuras adjudicaciones o en los parques que empiecen a evacuar, lo cual apunta en cierto modo a la retroactividad. De momento, según señalan fuentes del sector, la iniciativa del Gobierno es un mero tanteo, pero que se convertirá en un intenso tira y afloja.

Otras tecnologías
Aunque, en menor medida, el debate también ha llegado a otras tecnologías como la eólica y la termosolar. En el primer caso, se debe a que las primas que cobran son las más bajas (8,5 céntimos por kilovatio hora); aunque el coste de los aerogeneradores ha descendido un 20% en el último año por la menor demanda. Y, en el segundo, porque se trata de una tecnología incipiente, cuya construcción es muy cara (la inversión por planta es de 300 millones).

Desde este último sector, consideran «inconcebible» que cuando en mayo les obligaron a tener comprados los equipos y cerrada la financiación para todos los proyectos hasta 2013, les cambien ahora la retribución. Asimismo, apuntan a una campaña del sector eléctrico convencional, «que ve cómo las renovables les quitan protagonismo en el mix y les bajan el precio de la electricidad en el pool».

Sin discernir qué tecnologías, lo que parece claro es que va a haber rebaja, tal como propuso el Gobierno en su propuesta de medidas anticrisis, en el que incluyó una revisión de primas antes de diciembre.

La sombra de las subastas como un modelo de adjudicación
El cambio de primas no es el único punto caliente actual en el sector de las renovables. El Gobierno también está tanteando diversas fórmulas de retribución, que ya podrían ser tenidas en cuenta en la elaboración del próximo plan energético, más conocido como PER.

Dentro de los diferentes modelos que se barajan, está el de las subastas. Este método sería el típico de los concursos, en los que concurren varios promotores y se le adjudica el proyecto al que presenta la mejor oferta. Tanto eólicos, como termosolares, lo descartan totalmente, pues consideran que se podrían producir bajas temerarias. Consideran que el mercado no está preparado: «Muchas veces entrarían kamikazes con promesas arriesgadas que no se podrían cumplir o bien se produciría un oligopolio de grandes empresas».

En cambio, la industria fotovoltaica sí está a favor de este sistema, siempre y cuando se abra más el cupo. El modelo americano, con incentivos fiscales a la inversión, es otra de las opciones, pero tampoco parece tener mucha acogida. Por su lado, las comunidades autónomas reclaman su parcela, pues con el registro se les quitó toda posibilidad de definir sus planes energéticos. En este sentido, otra de las posibilidades sería establecer cuotas regionales al sistema de preasignación actual.

Un sector en tiempos revueltos
1- Las renovables en general y la fotovoltaica en particular viven tiempos revueltos. El Gobierno intenta introducir con calzador una normativa que ponga orden al desbocado crecimiento de los últimos años. La pregunta es cómo debe ser el modelo energético del país.

2- El sector de renovables es consciente de que los tiempos de vino y rosas, y grandes subvenciones, no pueden volver. Está dispuesto a ajustarse el cinturón, pero reclama una transición paulatina, y no un brusco frenazo que paralice a toda la industria.

3- Además de las primas, hay más leyes que prepara el Gobierno para introducir orden en el sector, como, por ejemplo, una normativa para vigilar la calidad de las instalaciones fotovoltaicas, o para lograr que éstas estén coordinadas con Red Eléctrica.