Durísimo artículo sobre la política económica en el WSJ
Normalmente los artículos en prensa extranjera sobre España suelen tener un fuerte eco en nuestra prensa, pero este artículo del WSJ de hoy
ha pasado completamente desapercibido a pesar del peso del medio en el
que aparece, el más influyente sin duda del mundo en el ámbito de los
negocios. Tiene una desafortunada referencia a la pertenencia de España a
África en el último párrafo, pero contiene críticas a las reformas
(especialmente a la del sector eléctrico) y al proceso politico, que
debemos encajar, valorar y utilizar para mejorar el sistema político y
la calidad de la política económica. Lo hemos traducido por su
importancia.
España, rescatada pero no salvada
por Raymond Zhong
Mientras Mariano Rajoy reflexiona sobre la posibilidad de otro
rescate, la profunda disfunción política se mantiene. Este es el
problema que no va a arreglarse con los rescates de Europa.
En los recientes intentos de España por enderezar su economía, ha
surgido un patrón: intervención tras intervención, con titubeos a medida
que el problema se agrava, “reformas” que acaban siendo subidas de
impuestos (y en ocasiones lo que parecen ser “amiguismos”).
El mes pasado, La Moncloa anunció “quizás una de las reformas más
necesarias” para hacer frente al “agujero de la deuda dejada por los
gobiernos anteriores”. Desde 1998, España ha subvencionado la producción
de energía renovable a través de primas en las tarifas eléctricas,
exigiendo a las compañías eléctricas pagar a los productores de energías
renovables un fijo por encima de los precios de mercado para su
producción. Funcionó. En 2008, España fue responsable de la mitad de las
nuevas plantas de energía solar creadas en el mundo en términos de
potencia.
Pero para que la factura de la electricidad de los hogares no
creciera demasiado rápido, el gobierno cubriría los costes adicionales
de las eléctricas. El “déficit de tarifa” acumulado ha crecido hasta
llegar a los 24 mil millones de euros en este año, y se prevé que
continúe creciendo 5 mil millones de euros cada año (el déficit
presupuestario para toda España en 2011 fue de 100 mil millones).
La solución dada en septiembre es un impuesto del 6% sobre toda la
producción de energía, renovable o no. El Tesoro español también asumirá
2.1 millardos de euros en los costes del próximo año debido a las
obligaciones pendientes. La aparición de nuevos impuestos sobre los
residuos nucleares y la energía hidráulica complementarán las medidas,
con lo que se espera eliminar el nuevo déficit a partir de 2013.
Al anunciar la reforma, la ministra Soraya Sáenz de Santamaría afirmó
estar segura de que las medidas no afectarían a los hogares, Citi, sin
embargo, estima que 1,1 millardos de euros de los nuevos ingresos del
próximo año vendrán de los consumidores, a los que las eléctricas
transmitirán sus altos costes.
Esta no es exactamente la reforma que los analistas esperaban unos
meses atrás, en julio, el ministro de Industria, José Manuel Soria
propuso gravar viento, la generación de energía solar y térmica a una
tasa mayor que la producción de combustibles fósiles para pagar el
déficit, déficit que después de todo, se había generado previamente para
pagar a los productores de energías renovables. Pero el ministro de
Hacienda Cristóbal Montoro insistió en que el nuevo impuesto sería
independiente de la tecnología.
Tenemos alguna idea de por qué: el hermano del señor Montoro y el
hermano de su jefe de gabinete forman parte de un grupo de presión que
asesora a empresas solares. “Este conflicto [de intereses] que estamos
analizando no existe porque no hay una política fiscal en materia de
energía que hayamos cambiado”, dijo el señor Montoro a Bloomberg en
agosto. “Hemos hablado de ello, pero la política no se ha decidido.” La
política se decidió en el Consejo de Ministros unas semanas más tarde.
El pesimismo brota en España cuatro meses después de que la UE haya
rescatado a los bancos españoles y casi dos meses después de que Mario
Draghi comprometiera al Banco Central Europeo a reducir los costes de
endeudamiento de Madrid. Se espera que habiendo dejado atrás las
elecciones de este mes en Galicia y el País Vasco, Mariano Rajoy esté a
punto de hacer una petición formal a Europa para un rescate total, o eso
se cree. Algunos sostienen que el presidente va a retrasar aún más la
petición, para evitar que la decisión parezca fijada por el calendario
electoral.
También hay dudas acerca de si Angela Merkel aceptará otra solicitud
de ayuda, incluso si desde Madrid sólo se pide una línea de crédito
preventiva en lugar de préstamos inmediatos. La máxima para el señor
Rajoy es idéntica a la de todo adolescente: Si no estás seguro de
obtener un “sí”, entonces es mejor no preguntar.
El lanzamiento de globos sonda es una estrategia para las reformas
con la que los españoles están íntimamente familiarizados. Con el
Partido Popular disfrutando de la mayoría más amplia de la historia en
el Congreso, y dominando 11 de los 17 gobiernos regionales de España, el
Sr. Rajoy es el líder más poderoso del país en décadas. Sin embargo,
desde que entró al poder el diciembre pasado, el gobierno del PP ha
gestionado tímidamente la crisis. Un banquero de Madrid llama a esto de
manera poco halagadora el “enfoque japonés”.
La cautela parece estar funcionándole en el extranjero al señor
Rajoy, cuyo desaborido y sumiso estilo político tiene su pariente más
cercano en los burócratas del Partido Comunista de China. Como el
presidente griego Samaras Antonis, el Sr. Rajoy posee el favor de la
Sra. Merkel, siguiendo órdenes, produciendo con gotero reformas
económicas y manteniendo la paz en casa. Un estilo Berlusconi o
Papandreu parece poco probable que se de.
Como tan poco probable es que se de: una revisión del sistema de
pensiones, una reforma seria del mercado de trabajo o una
reestructuración de los edificios municipales y el sector público.
Mantener un pie en el default permite el señor Rajoy no tener que hacer
algo tan drástico: la mera promesa de un colchón del BCE ha provocado el
desplome de los costes de financiación del país.
También libera el señor Rajoy para hacer frente a otras prioridades
nacionales. En su primera aparición en la Asamblea General de la ONU el
mes pasado, el Sr. Rajoy pidió a Gran Bretaña a reanudar las
conversaciones bilaterales sobre la soberanía de Gibraltar, a lo que
David Cameron se negó.
¿Por qué esta disfunción de la clase política? César Molinas, ex
integrante del Ministerio de Economía y de Merrill Lynch, publicó un
ensayo valiente en El País el pasado mes culpando al sistema electoral.
Debido a que los votantes españoles eligen a sus legisladores mediante
listas cerradas elaboradas por los barones del partido, los políticos
responden a los líderes del partido y no a los votantes. Un sistema de
first-past-the-post, defiende César Molinas, disolvería la influencia de
las maquinarias partidistas.
La tesis tiene mucho a su favor. La estructura de los partidos, al
mismo tiempo de arriba hacia abajo y altamente descentralizada, enreda a
la capital en una telenovela constante con los gobiernos regionales.
Para el horror de Europa, el Sr. Rajoy aplazó la publicación de su
primer presupuesto general hasta que los electores andaluces eligieran a
su nuevo gobierno, fue en marzo y tras tres meses en el cargo. Esto no
fue debido a que el señor Rajoy necesitara necesariamente una mayoría de
su partido en el decimosegundo gobierno regional, se debió a que el
jefe del PP de Andalucía en ese momento, Javier Arenas, es un hombre de
confianza del señor Rajoy. El Sr. Arenas desde hace años puja con
Dolores de Cospedal, ambiciosa baronesa del PP en Castilla-La Mancha,
por influencia dentro del partido.
Sin embargo, la disfunción tiene también una explicación más
sencilla, la importancia en España del enchufismo, del estar conectado.
No hay trabajo, ni en el banco central, ni en el Tribunal Constitucional
o el cuerpo diplomático al que se pueda llegar sin la aprobación de los
jefes del partido. La burbuja inmobiliaria comenzó cuando las cajas de
ahorros regionales se convirtieron en vehículos para los préstamos
dirigidos políticamente.
De ahí que todos los partidos estén poblados de mediocres a todos los
niveles: desde José Bono, antiguo ministro de defensa de los
socialistas, un populista al estilo campechano centroamericano; al
ministro de Educación, José Ignacio Wert, quien se comprometió a
“hispanizar” a los niños catalanes para resolver la crisis
secesionista.; o al ex-secretario general del Partido Socialista José
Blanco, quien recibió la Gran Cruz de la Orden de Carlos III el
diciembre pasado, sólo dos días después de que el Tribunal Supremo
abriera una investigación sobre acusaciones de soborno.
Y en España como en otros países, el privilegio clientelar es su
propia propagandista. Una encuesta de 2010 realizada por Monster hizo
público que el 72% de los españoles querían trabajar en la
administración pública, “no hay emprendedores en España”, me comentaba
un gestor de inversiones con tristeza.
Como en el lío de España, en la crisis de Argentina de hace una
década (esta es la comparación que a nadie le gusta que aparezca) había
fundamentos económicos claros. Pero el daño profundo se hizo también
para la reputación del gobierno argentino. Mucho es arbitrario y cruel
acerca de cómo España se rige, también. La descripción en 1937 de W.H.
Auden en su poema “España” viene a la mente: “that arid square, that
fragment nipped off from hot / Africa, soldered so crudely to inventive
Europe.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario